Sepultan a tres de las víctimas de masacre

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Unos hombres cargan los ataúdes de Dawna Ray Langford, de 43 años, y sus hijos Trevor, de 11, y Rogan, de 2, para ser sepultados en el cementerio de La Mora, en Sonora, México. Tres mujeres y seis niños fueron asesinados esta semana por sicarios de un cártel de las drogas. (AP Foto/Marco Ugarte)

Alrededor de 500 familiares se reunieron bajo unas carpas colocadas en La Mora, algunos lloraban y otros entonaban cantos.

Agencias

Chihuahua.- Con soldados vigilando, una madre y sus dos hijos fueron enterrados este jueves en ataúdes tallados a mano en el primer funeral para las víctimas de una emboscada perpetrada por sicarios del narcotráfico que dejó tres mujeres y siete niños muertos.

Vestidos con camisas, trajes o vestidos modestos, alrededor de 500 familiares se reunieron bajo unas carpas colocadas en La Mora, una comunidad de unos 300 habitantes que se dicen “mormones” pero no están afiliados a la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Algunos lloraban y otros entonaban cantos.

Los miembros de la comunidad, muchos con doble nacionalidad, estadounidense y mexicana, hicieron los ataúdes, y utilizaron palas para cavar una sola tumba de gran tamaño para los tres cadáveres en el terreno rocoso del pequeño cementerio del poblado.

Agricultores y adolescentes cargaron los ataúdes, los cuales fueron colocados sobre unas mesas bajas, y los deudos pasaban al lado de éstos para ver los cuerpos y darle el último adiós a Dawna Ray Langford, de 43 años, y sus hijos Trevor, de 11, y Rogan, de 2

Los tres fueron sepultados juntos, igual que como fallecieron el lunes, cuando los agresores ametrallaron su camioneta mientras transitaban por un camino de terracería con rumbo a la Colonia LeBarón, en el estado vecino de Chihuahua. Seis niños y tres mujeres fallecieron en la emboscada contra tres camionetas.

No había comentarios de venganza en esta comunidad altamente religiosa, sólo una profunda sed de justicia.

“Los ojos del mundo están sobre lo que ocurrió aquí, y hay santos en todo el mundo cuyos corazones han sido tocados”, dijo Jay Ray, el padre de Dawna

“El plan de Dios es que sus santos salgan de entre los malvados, se separen de ellos, se unan para establecer juntos las leyes de respeto y unidad”, comentó Ray y agregó: “Dios se encargará de los malvados”.

La hermana menor de Dawna Ray, Amber, de 34 años, la elogió y dijo que era una madre devota de sus 13 hijos y ama de casa que le encantaba reír y hornear los mejores pasteles de cumpleaños.

“No hay nada en la vida que una taza de café no pueda mejorar”, recordó Amber que a Dawna le gustaba decir.

Las otras víctimas serán sepultadas en la Colonia LeBarón. Pero las dos comunidades, cuyos residentes están relacionados, se unieron en una muestra de luto.

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