PA-TRI-MO-NIO

Nenúfares en el Septentrión
Por Ana Juárez Hernández

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“Cada hombre es una humanidad, una historia universal.” -Jules Michelet.

¡Nos sacamos la lotería! Teníamos la oportunidad de viajar a otro lugar para hablar de nuestra tierra y aunque la fecha nos parecía lejana -como el destino al que debíamos llegar-, breve fue el momento para hacer la maleta y tomar el autobús. Llegamos a Guadalajara y de ahí tomamos otro transporte que nos llevó a Jiquilpan de Juárez, Michoacán.

Seguíamos en la República, no habíamos cruzado ningún océano, podría pensarse, incluso, que no andábamos tan lejos; pero al ver los destellos del sol mecerse en las aguas del Chapala, en un autobús más repleto a cada parada, con la ponencia en las manos y mis compañeros haciendo bromas en los asientos de atrás; me sentí más lejos que nunca. Y lo estaba, como dijo el personaje de J. R. R. Tolkien: estaba más lejos de mi hogar, de lo que nunca estuve.

Una vez ahí, Mary Celia y yo nos empapamos con el Patrimonio, un mar de discursos fluía en el auditorio de la Universidad y como si fuera una caravana para los Juegos Olímpicos, delegación tras delegación desfilaban exponiendo su caso: Fuentes, pirekuas, cerros, gorditas, colonias… Pero el común denominador era el brillo en los ojos de quien hablaba de su tierra. Se hacían con el escenario desbordando pasión, ahondando en los detalles, contando la historia de su objeto de estudio.

Nos llegó el día y ahí, en el lugar donde nos contaron la historia de la escritura, donde se defendieron los museos cubanos, las danzas y el mezcal, comencé a hablar de la Mainero. La Mainero y su molino, la Mainero y sus casas que retan al tiempo, la Mainero y el tesoro que es su gente. Y la lección más grande me la dieron las miradas expectantes, porque en ellas pude confirmar las palabras de mi maestra: “A la gente le importa el Patrimonio”.

Patrimonio es una palabra muy utilizada hoy en día, aparece en los programas y planes de gobierno, en reuniones Internacionales, en las convocatorias de Secretaría de Cultura y en algunos libros perdidos de las salas de lectura; pero ¿sabemos qué es? Viene del latín patrimonium: patris (del padre) y onium (recibir o recibido); es decir que se refiere -al menos etimológicamente- a los bienes heredados por el padre, teniendo en sus primeras acepciones un propósito implícito: asegurar la continuidad de su linaje.

Su significado habría de cambiar, enriqueciéndose y adaptándose a la realidad de su tiempo, aunque cabe mencionar que ya desde entonces se trataba -además de bienes materiales- de un conjunto de saberes, costumbres y valores éticos con importante significado para la familia que los ostentaba. El salto de lo privado a lo público tendría lugar en Francia con la Revolución, y tras la Segunda Guerra Mundial se pondría sobre la mesa para hablar de un Patrimonio compartido.

¿Entonces, cómo llegó el Patrimonio de la mesa de las Naciones Unidas a todos los rincones? ¡Siempre estuvo ahí! Llegó la luz que lo alumbró, la clave para descifrar el código en que estaba escrito, el llamado de atención para cuidarlo, pero esa herencia maravillosa que tenemos todos ha estado ahí desde el comienzo de la humanidad.

Con una definición más amplia, dividimos el Patrimonio en Natural y Cultural; siendo el segundo aquél hecho por el hombre. Podemos decir que el Patrimonio Cultural son los bienes comunes (compartidos) que pueden ser tangibles (físicos, que podemos tocar, p.ej. pinturas, canastas, edificios, etc.) e intangibles (no físicos, p.ej. un conocimiento) que nos han sido heredados para su conservación y contribuyen a nuestro sentido de identidad y pertenencia. Son entonces Patrimonio de todos, las danzas de a pie que se practican en el cuarto distrito, como lo son las pirámides de Egipto, la Muralla China y la gastronomía mexicana. Somos los herederos de una riqueza inestimable, un legado intangible y un mundo vasto de asombros para adentrarnos.

Que el Patrimonio no se quede en propuestas bienhechoras, vamos a iluminarlo para vivirlo y preservarlo. Vamos también a estudiarlo para que todos podamos verlo y sabernos parte, revelando la humanidad que llevamos dentro.

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