CAMINA CONMIGO

Nenúfares en el Septentrión
Por Ana Juárez Hernández

4877
Tiempo aproximado de lectura: 2 minutos

ANA JUÁREZ HERNÁNDEZ

“Tan poderosa es la luz de la unidad 

que puede iluminar la tierra entera.” 

-Bahaullah.

 

Muchas veces me pediste que te escribiera, supongo que di por hecho que eres tan parte mía que no hacía falta. Hoy sí lo hace. Hoy necesito que sepas que mantienes agitado el cosmos, aquí estamos todos en el abrazo fraterno, queriendo alcanzarte para que nos sientas cerca.

Tienes la ridícula cualidad de dar lecciones hasta en las situaciones menos esperadas, hoy estás uniendo, mediando, tendiendo puentes entre las gentes a pesar de estar en una cama de hospital; si pudieras ver la de fechorías que has provocado con tu cariño desmedido…

Caballero, te dicen, porque no sabes ser de otra forma, no renuncias jamás a tus modales, como no lo haces con tus convicciones. No sé si te levantas con una lista de pendientes, de personas para ayudar cada día o simplemente improvisas, pero perdí ya la cuenta de la gratitud acumulada; no fuera tarjeta de puntos de Soriana, porque te saldría gratis un sartén y unos rancheritos con esa bondad que te cargas.

Naciste en la tierra donde la vida no vale nada, tal vez por eso la cuidas como un tesoro y ¿sabes?, en estos días descubrí que de esa tierra también se desprenden los genes cargados de Historia que te hacen admirar el pasado. Todavía me debes el paseo por los lares que huelen a pan y chorizo, y el rincón de tus recuerdos…

Tengo miedo, es cierto, del lugar que va ocupando tu conversación en el whatsapp, pero he aprendido que el cielo se ve más oscuro cuando está a punto de amanecer, y es más grande mi fe. Creo que los corazones unidos pueden cambiar la historia, creo en la solidaridad y la comunión, pero sobre todas las cosas, creo en el amor. Y ese, Antonio, no te falta, las manos juntas en oración y los momentos en silencio dedicados a enviarte cariño son interminables. 

Hay tantos proyectos por delante, ¡te tengo tantas encomiendas y preguntas! No te estoy apurando, bien dijo el Arqui, que debemos darte tiempo, pero no te tardes mucho porque el Congreso de Historia está a la vuelta de la esquina, las papayas de tus árboles están creciendo y temo que tu familia y yo nos volvamos emprendedores de medio tiempo entre tantos trolelotes y avena que vemos.

Aquí estamos aguardando tu regreso, tu risa, tus pláticas, tus gestos exagerados, todo eso que eres que nos mantiene siempre expectantes. Tengo la certeza de que, en tus brazos y piernas, en cada célula de tu cuerpo, aguarda el deseo de pararte y caminar conmigo. Te estoy esperando para que nuestras sombras se crucen en la banqueta; camina conmigo, camina con todos los que te esperamos, vamos a darle cuerda al mundo para que pueda seguir girando.

E-MAIL: [email protected]

No hay publicaciones para mostrar

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí