Agridulce pataleta de abril

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Por Carlos López Arriaga

Cd. Victoria, Tam.- No le fue bien a México en la más reciente rabieta mensual (menstrual, dicen algunos) del presidente TRUMP, tras cumplirse otro plazo de su amenaza periódica. Siendo precisos, diríamos que “menos mal”, porque al resto del mundo le fue peor.

Se mantiene la tasa cero para productos mexicanos incluidos explícitamente en el T-MEC, lo cual significa que el T-MEC aún observa signos vitales, todavía resuella.

Pero no sabemos por cuánto tiempo porque la buena noticia llegó aparejada con una amenaza. Su intención de pedir al Congreso cancelar el T-MEC.

Otra nota dual (buena y mala) es que, en paralelo al T-MEC, en otros productos México gozaba de algún trato preferencial negociado vía OMC, con un arancel del 2.5%.

El cuál TRUMP subió al 25%, pero no por razones comerciales sino como refuerzo conductual (premio o castigo) según México se porte en el combate al tráfico de fentanilo y al flujo de indocumentados. De haber cifras felices, esta última tasa bajaría al 12%.

Disposición intervencionista y además coercitiva. Plata o plomo, dulcito o garrotazo, estímulos positivos o negativos de acuerdo a los resultados que ofrezca el gobierno de la doctora SHEINBAUM.

 

GARROTE PAREJO

Pero la bronca es con todo el mundo, llevando su nacionalismo a extremos de narcisismo colectivo. Hoy vemos una Norteamérica atrapada por añejos virus mentales como la xenofobia, el racismo y el retorno del Destino Manifiesto.

Esa visión decimonónica de que dicho país tendría una misión sagrada, dispuesta por la divina providencia. La visión de ser un país excepcional, predestinado a difundir su estilo de vida, legitimando la anexión de territorios como un derecho natural. Y se observa, al menos, en tres aspectos:

(1) Su proyecto económico parece haber retrocedido 200 años, a la época del mercantilismo, el proteccionismo a ultranza y un esquema fiscal agresivo, fundado en la presunta autosuficiencia y la idea supremacista de que Estados Unidos no necesita de muchos amigos. Solo de algunos socios, sometidos al interés de Washington.

(2) Un segundo anclaje mental es el recuerdo histórico de aquella Norteamérica que se alzó triunfal en 1945, con Europa y Japón devastados por la segunda guerra, incluida la Unión Soviética.

(3) Y una tercera fijación es la de Estados Unidos imbuido en el pasajero sueño del mundo unipolar, tras el derrumbe de la Europa socialista, la extinción del Pacto de Varsovia y el desmembramiento de la URSS, al finalizar los años 80.

 

DECLIVE INNEGABLE

Vaya ceguera, hoy que los rascacielos de Nueva York, Boston y Chicago palidecen ante las mega construcciones asiáticas. Y cuando China todos los días nos sorprende con nuevas obras de infraestructura colosal.

El mismo liderazgo tecnológico de la Unión Americana tiene ya competidores muy serios en China, Japón y Corea del Sur, lo mismo en el sector automotriz, que en el mundo digital, las energías limpias y la industria aeroespacial.

Las élites de poder estadounidense (demócratas y republicanas, por igual) observan una especie de extravío. Perdidos sin brújula y sin rumbo, no saben qué hacer con el inmenso poder que aún conservan.

Fue sintomático el que millones de votantes hayan permitido retornar a la Casa Blanca a un sujeto de dudosa salud mental, cuya popularidad se funda en su anterior oficio como estrella del showbiz, amén de especulador inmobiliario.

Y que además carga a cuestas una variada colección de expedientes penales, como defraudación fiscal y delitos económicos. Se le acusó también de violación y robo de un centenar de documentos clasificados del gobierno, que el FBI recuperó tras un cateo a su mansión de Mar-a-Lago.

Sin olvidar el asalto al capitolio en enero de 2020, cuando una turba incitada por TRUMP devastó oficinas y cerca estuvo de linchar a los legisladores que dictaminaron el triunfo de JOE BIDEN.

 

¿DISFRUTEN LO VOTADO?

En una economía globalizada, la guerra comercial tiene efecto bumerang. Los golpes que DONALD lanza hacia el exterior, regresan de inmediato a su país convertidos en presiones inflacionarias, augurios de recesión, desempleo, cierre de empresas.

Por eso GEORGE WALKER BUSH, cuyo padre fue artífice del Tratado de Libre Comercio, declinó votar por TRUMP en las tres elecciones donde ha participado.

En 2016, BUSH se abstuvo; en 2020 hizo un voto simbólico en favor de su exsecretaria de Estado CONDOLEEZA RICE y en 2024 guardó silencio, pero se supo que su cercano amigo, el exvicepresidente republicano DICK CHENEY votó por la demócrata KAMALA HARRIS.

El libre mercado tiene muchas caras, algunas menos libres que otras. La que propone el actual inquilino de la Casa Blanca es la más fea de todas, desde los tiempos de NIXON, FORD, REAGAN y los dos BUSH.

El mandatario actual no es, en sentido estricto, un animal político. Es una mezcla de apostador gandalla, lobista financiero y entretenedor televisivo. Emplea los aranceles como si fueran fusiles. Apunta con ellos para doblegar voluntades, a menudo de manera absurda.

Así amenaza a los gobiernos de Rusia y Ucrania (a los dos) si no detienen su guerra, pero también al de Dinamarca si no le vende Groenlandia. A Panamá si no devuelve el control del canal.

Llevado al absurdo (al estilo de programas satíricos como Saturday Night Live) podríamos imaginarlo amagando al personal de la Casa Blanca (incluso, a su familia) con algún arancel si desobedecen sus órdenes.

 

BUZÓN: lopezarriagamx@gmail.com

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