Dr. Jorge A. Lera Mejía.
Las cadenas productivas y la clusterización económica ofrecen a Tamaulipas una vía concreta para transitar de un crecimiento fragmentado a un desarrollo regional e integral, siempre que cuenten con el acompañamiento estratégico de la academia, particularmente de la Universidad Autónoma de Tamaulipas (UAT).
Este nuevo modelo articula empresas, gobierno y universidades en torno a sectores clave, con el fin de elevar la competitividad, agregar valor local y generar empleos bien remunerados en las diferentes regiones del estado.
En las últimas décadas, la economía tamaulipeca ha mostrado un proceso definido de formación de clusters, es decir, de agrupamientos territoriales de empresas e instituciones que comparten cadenas de suministro, mercados y conocimiento especializado.
Estudios regionales basados en matrices insumo‑producto han identificado múltiples conglomerados productivos en el estado, con particular relevancia en actividades como autopartes, energía, eléctrico‑electrónico y alimentario, los cuales concentran una parte significativa de la producción bruta y del consumo intermedio regional.
La lógica de las cadenas productivas y de los clusters descansa en los encadenamientos hacia atrás y hacia adelante: proveedores de insumos, transformadores, servicios logísticos, comercialización y actividades de soporte tecnológico.
Mientras más denso y articulado es este entramado, mayor es la capacidad del territorio para retener valor agregado, fomentar innovación y resistir crisis externas, como lo han mostrado las experiencias internacionales de política industrial basada en clusters.
En Tamaulipas, el impulso reciente a nuevos clusters en sectores como energía, petroquímica, tecnología y el eléctrico‑electrónico refleja una decisión explícita de utilizar esta herramienta para reposicionar al estado en la economía nacional y mundial.
Estas iniciativas agrupan a empresas tractoras, Pymes proveedoras, cámaras empresariales y actores logísticos, y se proyectan sobre polos regionales como la frontera norte, el corredor industrial de Altamira y la capital del estado.
En este contexto, la UAT está llamada a desempeñar un papel central como eje articulador del conocimiento y la formación de capital humano avanzado. Desde la academia se pueden generar diagnósticos regionales finos, con base en matrices insumo‑producto, análisis de encadenamientos y estudios sectoriales, que permitan priorizar aquellos clusters con mayor capacidad de arrastre sobre el empleo y el ingreso.
Asimismo, la universidad puede diseñar programas educativos y de formación continua alineados con los requerimientos de las cadenas productivas, fortaleciendo perfiles en ingeniería, logística, tecnologías de la información, energías y gestión empresarial.
El respaldo académico también es clave para articular la agenda de innovación y transferencia tecnológica de los clusters, mediante centros de investigación aplicada, laboratorios y proyectos de vinculación universidad‑empresa.
Estos espacios permiten que la investigación responda a problemas concretos de productividad, eficiencia energética, digitalización de procesos y cumplimiento de estándares internacionales de calidad, que son indispensables para insertarse en las cadenas globales de valor asociadas al nearshoring.
Un modelo de desarrollo regional basado en cadenas productivas y clusters, con la UAT como columna vertebral académica, supone además la creación de instancias de gobernanza económica donde participen gobierno estatal y municipales, iniciativa privada, universidades y organizaciones sociales.
En estos espacios colegiados se pueden definir hojas de ruta de largo plazo, identificar brechas de infraestructura, coordinar políticas de fomento a Pymes, impulsar la certificación de proveedores locales y diseñar instrumentos de financiamiento que favorezcan la integración territorial de las distintas regiones de Tamaulipas.
De esta manera, las cadenas productivas y la clusterización económica, respaldadas por la investigación y la formación de talento de la UAT, se convierten en un nuevo modelo para alcanzar un desarrollo regional e integral: más innovador, diversificado, con mayor contenido local y capaz de traducir las ventajas geográficas y logísticas de Tamaulipas en bienestar sostenible para su población










