Por: Lic. Bárbara Lera Castellanos.
La Universidad Autónoma de Tamaulipas (UAT) se encuentra hoy frente a un reto, garantizar la seguridad y la equidad de sus estudiantes en medio de una realidad social compleja y a menudo violenta.
Con 26 campus distribuidos en una entidad marcada por desigualdades económicas y tensiones de seguridad, la UAT no solo es un espacio de formación académica, sino también un refugio simbólico donde la dignidad, la integridad y el derecho a la educación deben ser defendidos.
Este contexto convierte la seguridad en un tema ético y no solo como un asunto de vigilancia o protocolos administrativos.
Desde una perspectiva humanista, la UAT tiene la responsabilidad de construir entornos donde la vida de los estudiantes esté protegida, pero también donde se promueva la justicia social; Para ello, la institución ha impulsado medidas de seguridad física, como mayores controles de acceso, rondines de vigilancia y estrategias de prevención, pero también debe fortalecer mecanismos de denuncia y acompañamiento psicosocial, especialmente para quienes provienen de contextos de alta vulnerabilidad económica, familiar o comunitaria.
La equidad no se limita a abrir las puertas de la universidad al ingreso masivo, sino a asegurar que, una vez dentro, cada estudiante pueda permanecer y desarrollarse sin miedo ni exclusión.
Desde una mirada intelectual, la UAT debe vincular la seguridad y la equidad con la investigación y la formación crítica.
La universidad puede analizar, desde la sociología, la psicología y el derecho, las causas de la inseguridad y la desigualdad en Tamaulipas, y proponer modelos alternativos de convivencia, mediación social y prevención.
La participación del rector Dámaso en este tema es clave para entender el giro humanista que la UAT busca impulsar.
Su liderazgo se ha orientado a visibilizar la seguridad como un derecho educativo y como un pilar de la inclusión, insistiendo en que ningún estudiante deba renunciar a sus estudios por temor a la violencia o a la discriminación.
Desde esta visión, Dámaso ha promovido la articulación de programas de becas, apoyo psicológico y esquemas de prevención del delito, que conectan la dimensión intelectual de la universidad con su responsabilidad social.
De este modo, la UAT se reafirma como un espacio donde la seguridad y la equidad no son privilegios, sino condiciones fundamentales para la construcción de una comunidad educativa más justa, equitativa y humana.










