Dr. Jorge A. Lera Mejía.
La plaga del gusano barrenador del ganado exige una respuesta inmediata, científica y territorial.
En Tamaulipas, el Gobierno del Estado ha destinado 15 millones de pesos para reforzar acciones de control y erradicación durante 2026, mediante vigilancia, barridos sanitarios, atención de casos y brigadas de campo. Esta decisión del gobernador Américo Villarreal Anaya debe entenderse no solo como una medida sanitaria, sino como una política estratégica para proteger una actividad productiva emblemática.
La ganadería tamaulipeca ha sido históricamente referente nacional por la calidad de sus hatos, sus productores organizados y su vocación exportadora.
Además, Tamaulipas tiene una relevancia particular en la crianza de ganado cebú, pues la Asociación Mexicana de Criadores de Cebú tiene su dirección social en Tampico y cuenta con instalaciones en el Parque Internacional del Cebú en Altamira.
Defender la sanidad animal es, por tanto, defender empleo rural, patrimonio genético, prestigio productivo y seguridad alimentaria.
En este esfuerzo, la Universidad Autónoma de Tamaulipas (UAT), a través de la Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia (FMVZ), ocupa un lugar central.
La colaboración entre la Secretaría de Desarrollo Rural, Pesca y Acuacultura, la UAT, la Unión Ganadera Regional y los productores ha permitido fortalecer vigilancia, capacitación, control sanitario y atención oportuna contra la plaga.
La FMVZ aporta conocimiento técnico, laboratorios, diagnóstico, formación de veterinarios y capacidad para traducir la ciencia en soluciones prácticas para los ranchos.
La propuesta debe avanzar en cinco líneas.
Primero, consolidar un sistema estatal de alerta temprana con georreferenciación de casos, rutas de movilización animal y reportes comunitarios.
Segundo, intensificar la capacitación de productores, vaqueros y médicos veterinarios en detección de heridas, tratamiento inmediato y notificación obligatoria.
Tercero, mantener brigadas permanentes en zonas de riesgo, especialmente en municipios colindantes con Veracruz y San Luis Potosí, donde las autoridades han señalado vigilancia prioritaria.
Cuarto, fortalecer la investigación aplicada de la UAT en trampeo, identificación de insectos, manejo de datos y evaluación de tratamientos.
Quinto, construir una cultura sanitaria compartida, donde cada productor entienda que reportar a tiempo no es castigo, sino protección colectiva.
Autoridades estatales reportaron que se han tratado más de 120 mil animales y que más de 200 personas trabajan directamente en campo en supervisión, atención y prevención. También se informó la capacitación de 40 médicos veterinarios y técnicos, quienes replican cursos en comunidades rurales.
Estos esfuerzos deben ampliarse hasta convertirlos en una red permanente de inteligencia sanitaria rural.
Erradicar el gusano barrenador no será tarea de una sola institución.
Requiere gobierno con recursos, universidad con ciencia, ganaderos con disciplina sanitaria y municipios con capacidad de movilización.
Si Tamaulipas articula estos elementos, no solo podrá limpiar la región, sino recuperar plenamente su liderazgo ganadero nacional.
La UAT y el gobierno estatal tienen ante sí una oportunidad histórica: demostrar que la ciencia pública, puesta al servicio del campo, puede proteger la economía, la salud animal y el orgullo productivo tamaulipeco.










