Por Carlos López Arriaga
Cd. Victoria, Tam. Aeropuerto de Beijing, 19:50 hora local del miércoles 13 de mayo. A escasos metros del punto exacto donde se detiene el monstruoso avión que transporta a DONALD TRUMP, el soldado chino permanece impasible.
A sus espaldas se estaciona el gigante, crepitan los motores y, como tornados, soplan las turbinas de esa fortaleza ambulante llamada Air Force One. Primera imagen que salta a mis ojos. El guardia de honor del Ejército Popular de Liberación hace gala de control absoluto, inmutable ante la presencia del coloso, símbolo del poderío tecnológico y militar estadounidense.
Encuentro entre los dos jefes de las superpotencias planetarias, XI JINPING y DONALD TRUMP, que hace mucho dejaron atrás a los enclenques líderes europeos y hoy colocan en un nivel secundario al ruso PUTIN.
Pavorreales los dos; el rubio aterriza con el plumaje extendido; el oriental aguarda con las alas recogidas. Para ambos, las formas cuentan mucho, están cargadas de significados y en detalles tan simples como el guardia aeroportuario de postura firme como roca ante el aparato de 300 toneladas que ruge detrás, sin perturbarlo.
Duelo visual simbólico: el poderío estadounidense frente a la disciplina china. Sutil mensaje, Beijing no se deja impresionar ni intimidar. La grandeza del tigre asiático descansa en su disciplina de acero.
Indiferencia que parece decir “no me impresionas”, a un mandatario americano que se desplaza con una plataforma de seguridad portentosa. Operación logística masiva que incluye una decena de aeronaves de apoyo, entre vigilancia y carga.
Las de carga transportan los vehículos de la comitiva terrestre, entre medio centenar de SUVs (subúrbans y similares) para escoltas, técnicos de comunicaciones y ambulancias.
También camiones que mueven generadores, equipo médico y de seguridad avanzada. Y, desde luego, la bestia, el Cadillac presidencial de 10 toneladas que resiste balas de cualquier calibre, explosivos y gases químicos.
EL ROSTRO DEL DRAGÓN
Por el lado del anfitrión, sus armas son el elemento humano. Centenares de niños sonrientes que reciben a TRUMP mientras camina sobre la alfombra roja reservada como el máximo honor a los invitados especiales.
Agitan banderas de ambas naciones, ofrecen flores y corean la palabra “bienvenido”, en inglés y en chino. Toque emotivo, cuidadosamente calculado y (también) con un mensaje simbólico. La juventud china frente al envejecimiento occidental.
XI JINPING tiene 72 años, DONALD TRUMP 79. Curiosamente, ambos celebran su cumpleaños el próximo junio, con diferencia de un día. XI cumple 73 el día 15; DONALD llegará a los 80 el próximo 14.
En esto también juegan los símbolos, pues JINPING no acudió al aeropuerto. Quien recibió a DONALD fue el vicepresidente HAN ZHENG, para conducirlo al Salón del Pueblo, en cuyo escalón más alto lo esperaba XI JINPING, inmóvil, observando. Así son los ojos orientales: no ven, escudriñan.
Bajó entonces los 33 escalones, desde un nivel superior, con paso ágil, para dar la bienvenida al visitante. Mantuvo la iniciativa, marcó el ritmo y el espacio, desde una posición de autoridad.
Juntos subirían de nuevo la escalinata, el chino haciendo gala de vitalidad, frente al presidente gringo más longevo de la historia, al que la prensa vio cansado, tanto que JINPING se detuvo para permitirle recuperar el aliento (catch his breath).
No fueron momentos idóneos para los analistas en geopolítica, sino, más bien, para expertos en lenguaje corporal, que reportaron sonrisas genuinas y palmadas mutuas. Eso que llaman “movimientos de poder”, donde se les vio desplazarse sin competir, caminar sincronizados.
LAS COMITIVAS
Junto a JINPING, su esposa, PENG LIYUAN, alguna vez cantante de ópera. Junto a TRUMP, la ausencia de MELANIA (su oficina emitió previamente un despacho: “First Lady is not traveling this time”), aunque sí uno de los hijos, ERIC TRUMP y su esposa LARA.
Y muchos magnates, oiga usted, empezando por ELON MUSK (Tesla, SpaceX), TIM COOK (Apple) y
• JENSEN HUANG (Nvidia), entre otros. Del gabinete, los dos principales aspirantes a la candidatura presidencial del 2028: el Secretario de Estado MARCO RUBIO y el Secretario de Defensa PETE HEGSETH, amén del Secretario del Tesoro SCOTT BESSENT.
Entre los planteamientos de cada mandatario, lo más importante vino de JINPING al subrayar la “estabilidad estratégica”, la idea de cooperar sin confrontar, ser socios y no rivales. La prosperidad compartida.
Mensaje positivo que, entre líneas, trasluce la advertencia contra la inestabilidad de TRUMP, su obsesión por rivalizar y privilegiar el beneficio de su país.
Advirtió como zona crítica el asunto de Taiwán, donde China reclama soberanía y Estados Unidos habló en la víspera de vender armas al gobierno de Taipéi, en un paquete de 14 mil millones de dólares.
En esto, JINPING fue extremadamente claro:
- “La cuestión de Taiwán es el tema más importante en las relaciones entre China y Estados Unidos. Si se maneja adecuadamente, la relación bilateral gozará de estabilidad general. De lo contrario, los dos países tendrán choques e incluso conflictos, poniendo en gran peligro toda la relación. La independencia de Taiwán y la paz en el estrecho de Taiwán son (tan) incompatibles como el fuego y el agua.”
Sabiduría oriental, en efecto.
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