Que no todo sea cuestión de dinero

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Cuando tus ideales, educación, honradez y moralidad son trastocados por el dinero fácil o de dudosa procedencia, los valores y atributos se convierten en corrupción, falsedad y ambición, para ganar, no importa el cómo.

“Agarra lo que te dan, pero vota por el PAN”, decían en antaño los azules, cuando eran oposición del partido tricolor o de los amarillos de izquierda.

En política y aún más, en época electoral, todos prometen con desfachatez, diciéndose poseedores absolutos de la verdad, de la honestidad, de la solución mágica y milagrosa para encontrar la salud de Dinamarca, la educación de Japón, la infraestructura urbana y rural de EEUU o Inglaterra, el arreglo al campo de Corea del Sur, la pesca de China, o la ganadería de Colombia, Brasil y Argentina o la minería de Australia, entre muchos otros rubros.

Todos nos prometen sol y estrellas, como el joven pretendiente que busca el sí del ser amado, al que deseamos porque así lo marca natura, pero, tras la máscara de oveja, le brillan unos ojos encendidos de rojo fuego de lobo enfurecido, que mostrará sus garras y colmillos para comerse al país que hoy se llama la Caperucita.

¿Qué tanto jalan al voto los candidatos o sus siglas que los representan? Ningún partido tiene renombre o fama de ser instituciones pulcras y/o decentes, y las candidatas y el candidato a la silla presidencial, tampoco son seres carismáticos que denoten una luz clara y transparente, más bien, guardan a simple vista, arenillas y hasta lodos que los opacan, tras una rápida auditoria de su pasado.

Sin embargo, aquí estamos los ciudadanos, con la responsabilidad moral, que pese al mal sabor de boca que hemos padecido en todos los sexenios, debemos sentirnos obligados a cumplir cívicamente, para decidir sobre quien será el futuro gobernante que tendrá las riendas del destino de la nación.

¿A poco es tan difícil vivir en clase media, sin jets, ya sea prestados, rentados o adquiridos, o que se nos descubran mansiones y predios por el mundo, estando permanentemente en busca del poderío económico que entorpece el bien crecer, el heredar a nuestros descendientes buenas costumbres, sin que el dedo inquisidor los persiga para siempre?

Aunque como decía el viejo regente Carlos Hank González; “un político pobre, es un pobre político” el dicho debe de ser borrado en quienes se jacten de querer ser verdaderos siervos nacionalistas y logar que México deje de ser el quinto peor país del mundo en corrupción, según un ranking de The World Justice Project.

Que pena si no se quiere cambiar, porque al fin de la vida, no todo es cuestión de dinero, también es un asunto de honor y trascendencia.

vientosdelsur@infinitummail.com

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